miércoles, 7 de abril de 2010

Carta de un maestro rural a un ministro de Educación

Soy un docente rural, que trabaja en una escuela rancho -escuela de madera y chapas de cartón- en la provincia de Misiones, cerquita de la frontera con Brasil. ‘Educación para las Primaveras’ el nombre de mi escuela -escuela rural, escuela de frontera- en la que día a día desafiamos al destino buscando aprender y enseñar, como hacen otros tantos en los rincones más remotos de la Patria… Hasta allí todos los días se acercan -enfrentando el frío, el calor,la lluvia…- casi 60 niños de entre 5 y 13 años de edad, desde pre-escolar hasta 6to. Grado, en busca de un plato de comida, pero también en busca de un futuro…Para atenderlos, soy el único docente a cargo, por lo que resulta muy difícil poder llevar adelante un trabajo personalizado, de sujeto a sujeto, como el proceso de enseñanza – aprendizaje requiere… más aún, teniendo en cuenta la falta de libros y de material didáctico de todo tipo, elementos que, como era de prever, una escuela como esta no posee… pero que está en pie… digna, no por obra del Ministerio de Educación del que usted está a cargo, sino por el trabajo de la comunidad, de los padres que la levantaron a pulmón, con esfuerzo, clavo a clavo…

Con un ingreso por debajo de la línea de pobreza.

Pero, aquí estamos… diciendo presente día a día… vestidos con un delantal blanco -el único, digno en sus zurcidas-, armados de cuadernos y de tizas… y caricias, buscando llevar un poco de esperanza, de palabras simples -que muestran cosas nuevas, que enseñan sencillamente- para que puedan ser aprendidas y aprehendidas.Sí, aquí estamos diciendo presente para garantizar esa renombrada ‘igualdad de oportunidades’ frente a niños que, en muchos casos, recién conocen el idioma y la bandera cuando ingresan en la escuela, haciendo justicia al alfabetizar…

Sí, aquí estamos guiados por la vocación, por el deseo de entregar hasta la propia vida para terminar con tantas injusticias… llevando adelante una labor que es ampliamente gratificante, que nos llena de alegría cada vez que vemos la sonrisa de un niño o estrechados la mano terrosa -de campesino- de uno de sus padres… vocación que en modo alguno puede sustituir el papel inamovible del Estado: Garantizar la educación pública a todos los habitantes de nuestro país, con edificios escolares en buenas condiciones edilicias y sanitarias, con becas a los estudiantes y con sueldos docentes que permitan -como mínimo- la mantención de una familia.

Ya sé, se me dirá que estoy haciendo campaña, buscando descalificar estas palabras con tan toscos argumentos… lejos de eso, sólo intento cantar las cuarenta para que la gente de la gran ciudad conozca la realidad que se vive en el país del interior, con muchas escuelas y docentes en iguales o peores condiciones que las que me toca vivir…

Y para afirmar estas palabras -cosas de llorar estas que digo- pongo por testigo de todo a la escuela donde trabajo: ESCUELA 373 El Soberbio – Dto. Guaraní, Misiones.

En fin, Sr. Ministro, si quiere conocer realidades… aquí lo esperamos.

Maestro Rural
Martín Cornell
DNI: 28.641.979